Boca Juniors reaccionó y logró rescatar un punto de manera agónica en la altura de La Paz para seguir con vida en la Copa Libertadores.
Un día la garganta volvió a arder de pasión. Tuvieron que pasar varios partidos y más de 94 minutos de juego frente al Bolivar para que reaparezca el gol. Federico Carrizo anotó un tiro libre rabioso en la última jugada del encuentro. Su remate valió un punto en La Paz, pero también le cambió rotundamente el panorama al conjunto de los Schelotto en cuanto a la clasificación a los octavos de final.
Dos tiempos totalmente antagónicos se vivieron en Bolivia. En el primero Boca Juniors sufrió el ahogo y todos los contratiempos que producen los más de 3500 metros sobre el nivel del mar del Hernando Siles. Pases erróneos, controles fallidos y, sobre todo, disparos violentos que hicieron destacar a Orion. En ese contexto todo se agravó cuando el capitán Cata Díaz debió salir por lesión. Ahí, en ese lapso fatídico, Saavedra sacó un zapatazo imposible de atajar que se clavó en el ángulo para el 1-0 de los locales.
Ya en el complemento Boca Juniors fue de a poco parándose más adelante y sosteniendo más la pelota, algo que le generaba menos ahogo, gracias a las apariciones de Federico Carrizo. Los Mellizos, al ver que su equipo no sufría y podía lastimar, realizó cambios ofensivos que terminaron de darle un empuje al equipo. Claro, antes de la alegría final, la falta de eficacia se hizo presente en la cabeza de Chávez y los pies de Palacios. Pero toda esa angustia desapareció cuando el Pachi clavó ese tiro libre a los 95 minutos con un disparo violento que le rompió las manos al arquero Quiñónez.
Boca terminó usando a su favor la altura y logró un empate valioso que le deja un panorama más auspicioso pensando en los octavos de final de la copa. Sí, volvió la mística copera cuando más se la necesitaba.