Te contamos los detalles detrás de lo que fue otro encuentro del único grande.
Boca perdió por 1-0 contra Barcelona SC en Ecuador y se complicó solo en la Copa Libertadores. El Xeneize exhibió toda la idiotez de sus jugadores, que pasaron de los elogios a exponerse de manera gratuita a lo que serán seis finales en las que el club —y ellos— se juegan absolutamente todo.
Lo primero que hay que resaltar, antes de caerle al plantel, es la pésima gestión de CONMEBOL. La realidad es que ayer el primer tiempo no se debió haber jugado: se tuvo que haber postergado y esperado a que parara un poco la lluvia y el campo de juego filtrara el agua. Básicamente, lo que sucedió en la segunda parte, donde se normalizó un poco más la capacidad de practicar el deporte con dignidad y lógica. Pero, ¿por qué no pasó? Porque se aceptó jugar en un país en el que hay toque de queda. Al no poder salir después de las 11 de la noche es que el encuentro se disputó a las 19 de allá, dejando sin margen ante situaciones tan normales como una tormenta que podrían complicar el encuentro.
Se jugó igual y fue un partido atípico. Uno que no favoreció a un Boca que viene destacándose por la tenencia y los pases cortos, dándole vida a un Barcelona que llegó a este duelo sin haber sumado ni un punto en toda la Libertadores. Para peor, afloró la idiotez que suele caracterizar a los futbolistas de la institución cada vez que salen del país. Porque Santiago Ascacíbar, sabiendo cómo estaba el campo, conociendo que hay VAR, se hizo echar de manera tonta al patear el hombro de un jugador local. Si bien es cierto que Celiz se arroja de manera peligrosa sobre la pelota, nada justifica la reacción del volante, en especial porque el árbitro ya había cobrado falta de Delgado. El árbitro Carlos Betancur no lo vio de entrada, pero cuando el VAR lo llamó no dudó y expulsó al del Xeneize, dejando al equipo con un hombre menos otra vez de visitante y con más de un tiempo por disputar.
Luego, faltando segundos para que terminara la etapa, el VAR volvió a llamar a Betancur y fue expulsado Celiz por un codazo sobre Paredes, acción que pareció totalmente exagerada, pero que la terna convalidó al revisar minuciosamente las imágenes. Así fue que Boca cerró una primera parte con algo de esperanza, porque el equipo venía de errar un par de situaciones clarísimas con Merentiel y el propio Ascacíbar en ese período, algo que mermó el ánimo, en especial después de la roja del mediocampista ex Estudiantes.
En el complemento, con el campo mejor, parecía que Boca, estando diez contra diez y con espacios, con poco le iba a alcanzar para llevarse algo de Ecuador. Sensación que se confirmó luego de que Merentiel errara otra vez un mano a mano y desde que Velasco y Zeballos reemplazaran al uruguayo y a un amonestado Aranda. El Chango, que desniveló constantemente, generó otra clara en la que se enfrentó al arquero, dudó en patear y tocó al medio, sorprendiendo a un Giménez que se había frenado, no acompañó la jugada y no llegó a rematar un pase que lo encontraba solo y con el arco vacío.
Todo eso que parecía se volvió a disolver cuando, tras un tiro de esquina a favor, Delgado recibió en la puerta del área y, en vez de finalizar la jugada con un remate, rechazo o apertura, quiso realizar un control con giro que terminó con él en el piso por el estado del campo. Ahí vino una contra en la que Velasco dudó en cortar y que terminó en el 0-1, en la única acción real de peligro que generó Barcelona. Sí, otra vez por un error tonto y de falta de concepto, en este caso de Milton, es que Boca se encontró perdiendo un partido insólito.
Boca no tuvo reacción porque el reloj corrió, porque ellos se tiraron atrás a cuidar el resultado y hubo niveles bajísimos como el de Weigandt. Por otro lado, Blanco hoy no pesó y, en una de las pocas que tuvo, lanzó un centro frontal con todo el equipo jugado en vez de abrir a Zeballos. El envío fue malo y bajo, del que vino una contra que Javier García atajó de manera espectacular, dejando con vida a Boca en este partido y en la Copa.
Sí, atajó García, porque la idiotez de Boca no es el único problema. A este club le suceden cosas insólitas, como que, luego de la dura lesión de Agustín Marchesín, esta noche se sumara la de Leandro Brey, quien sufrió dos golpes y, en el segundo, cuando apenas promediaba el primer tiempo, debió ser reemplazado en camilla. ¿A cuántos equipos les pasa algo tan anormal como perder a dos arqueros por lo que parecen ser problemas graves en menos de un mes? Solo a este.
Ahora tocará esperar a ver qué pasa con Católica y Cruzeiro en su duelo directo. De su resultado se conocerán las posibilidades y variables de Boca, que cerrará el grupo en casa y contra ambos rivales. En el medio, se definirá el Torneo Apertura, donde, en caso de clasificar, el Xeneize tendrá al menos dos duelos como local, la chance de un tercero —en semis, siempre y cuando el rival no sea Independiente Rivadavia— y otro en el que seguramente haya mucho público, como podría ser en la eventual final a disputarse en Córdoba y con estadio neutral.
Mucho para corregir, sigue habiendo potencial y todavía nada está perdido. Pero lo que no puede pasar es que a este equipo lo gobierne la estupidez y los errores no forzados que en estos años han costado demasiado.